jueves, 7 de abril de 2016

El silencio en las montañas

Me gustaria que sintieras el silencio como yo lo siento. Es la cuarta vez que vengo y sólo estaré de sabado a lunes. Cuando dejo el coche y empiezo a subir aun hay cobertura. El movil en la mano me estorba y tropiezo y resbalo escribiendo algunos whatsapps de despedida y algunas fotos de la montaña.
-Mamá te vas a caer. Como te caigas y se te rompa el movil!!-No, no, mejor lo guardo. En el bolsillo de la mochila sigue vibrando. Veinte pasos mas arriba lo vuelvo a sacar. A ver quien me respondió.
-Que bonito el monte
-Siii
-.....
Ah que bien, se fue la cobertura! Y lo vuelvo a guardar.
Por fin se va haciendo el silencio.
Dejo de pensar en los clientes, los pedidos, las facturas, las cosas que pagar, las cosas que debo hacer y las que me gustaría hacer...
Por el camino aun estoy molesta porque en el supermercado en el que paramos a comprar el niño se empeñó en comprar chorizo de teror. En serio vas a comerte esto en Guguy??En fin..
Cojemos el atajo por la piedra del águila.
-Mami yo voy delante para quitar las telas de araña
-Vale
Las telas de araña cuelgan de los espinos casi invisibles y al pasar se te enredan en la ropa o en la cara y lo peor es cuando te llevas también a la araña colgada en la camiseta o en el pelo.
Odei va delante con un palo y las aparta.
En esa ladera casi siempre hace viento y nos empuja un poco. La respiración se acelera con la subida y el pueblo se va escondiendo tras esa montaña. Se va aquietando la mente y los pensamientos acallandose.
Casi hemos llegado a la subida de las tuneras.
-Mami las tuneras estan invadiendo el camino

-Claro porque por aqui no viene casi nadie
-Y ya no podremos pasar?
Y yo pensé...he subido y bajado tantas veces por aqui que me se de memoria cada paso y cada vuelta de este atajo..
-Venga camina!-Mi hijo no para de hablar y yo quiero caminar en silencio. -Callate y sigue subiendo!
Con el no hay tregua!! Pero yo no me refiero a ese tipo de silencio, si no al silencio que va adueñandose de mi interior cuando me voy alejando del barullo de la civilización. El silencio en mi mente, como si de pronto me sumiera por momentos en un estado de meditación. En la cañada de las salvias hay una curva del camino en la que me gusta tumbarme unos minutos. Hay una pequeña planicie cubierta de hierbita. Me tumbo y miro al cieğlo y a las cañas que se mecen con el aire. Las nubes se mueven rápidas y por unos instantes me transportan con ellas.
-Vamoooooos-grita Odei- Y mi viaje con las nubes se interrumpe rápido. Podría pasarme largos minutos disfrutando de los sonidos tan familiares del campo...pero los gritos del niño resuenan por la cañanda...mejor seguimos...
 La cañada de las vacas esta justo antes de llegar a la degollada y es la subida mas dura de todo el camino. También la mas frondosa de vegetación. Se ve que no estoy en forma, porque cada cinco pasos tengo que pararme a recuperar el aliento. El chiquillo también, asi que cuando llego hasta él le ayudo un poco empujandole por detrás. La última ladera la subimos por un atajo. Entre jadeos llegamos a la cima. A un lado el pueblo, la cobertura, la carretera, todo el camino que hemos recorrido, al otro el horizonte, inmenso, el barranco de peñón bermejo que llega escarpado hasta el mar desde la montaña del cedro. Respiro, aun con el corazón acelerado por el esfuerzo de la subida, y con cada inhalación me lleno de esa inmensidad, con esa paz, con la calma de estos parajes imponentes. Siento que formo parte de esa inmensidad, del viento implacable, del espacio infinito más alla de donde alcanza la vista, todo lo que antes me preocupaba se vuelve insignificante, se disuelve, y entonces, el silencio me invade.

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